La de la sal negra es una historia secular, que empezó cuando el monasterio Troize-Sergiev fundó al Norte del País, en la región de Kostroma, la primera extracción de sal gema. Ésta se conoce también con el nombre de chetvergovaya (literalmente “hecha en jueves”), porque se preparaba precisamente el jueves de Cuaresma y se utilizaba para condimentar los platos de la Pascua. Durante mucho tiempo, esta sal negra ha formado parte del patrimonio culinario del pueblo ruso, y el secreto de la producción era transmitido de generación en generación.
Con la llegada del régimen comunista, que llevó prácticamente al cese de cualquier manifestación religiosa, la producción de sal negra fue abandonada y la preparación tradicional olvidada.
Lebedev Andrei, habitante de Kostroma, bombero con veinte años de experiencia, a mediados de los años Noventa leyó un artículo de una popular revista científica sobre las extraordinarias ventajas de la sal negra y decidió recuperar esta antigua producción local.
Andrei ha recreado el método tradicional de preparación gracias a la ayuda de una señora del pueblo contiguo: la sal gema, mezclada con harina de centeno, se introduce en un saquito de lino y se rodea de madera de abedul. Todo ello se quema en el horno. La bola sólida obtenida se tritura después a máquina y se pasa por un tamiz.
La comunidad de productores de sal negra está situada en una zona natural, lejos de los grandes centros industriales. La utilización de la madera de abedul para la combustión no perjudica al ecosistema de la región, pues la tala es programada y autorizada para frenar la expansión del bosque.
Diez personas pertenecen a la comunidad, 5 hombres y 5 mujeres entre los 18 y los 40 años, que representan a distintas nacionalidades y creencias religiosas.
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