Convivium Araba-Álava

Slow food Araba en el mercado transparente de productoras

Slow food Araba en el mercado transparente de productoras¿Sabes de dónde proceden los alimentos que compras? ¿a dónde van los productos que se cultivan en nuestra tierra?. Los alimentos que se producen recorren miles de kilómetros y pasan por muchas manos hasta llegar a tu mesa. Otro modelo de consumo es posible fomentando las relaciones directas entre personas productoras y consumidoras, consumiendo alimentos locales y de temporada, utilizando canales cortos de comercialización.

¿Por qué consumir producto local?

Porque conoces el origen de los alimentos y cómo se producen, porque compras alimentos de calidad al mejor precio, porque consumes productos de temporada, alimentos frescos, naturales con sabor, porque fomentas la economía local y ayudas a mantener el sector primario y la vida en los pueblos, porque favoreces el desarrollo sostenible y la conservación de la biodiversidad, porque minimizas el impacto ambiental del consumo.

Con estas premisas, el sábado 8 de septiembre de 2018, nos acercamos al Mercado transparente, en la plaza de los Celedones con el fin de acercar a los coproductores, y porque es la oportunidad de conocer de primera mano los alimentos que se producen en Álava.

Una veintena de puestos con productoras/es responsables se dieron cita con legumbres, pollo ecológico, hortalizas, embutidos, queso Idiazabal, miel, pan, vino, txakoli, cerveza, etc.

Con el fin de poner en valor los productos de temporada en esta ocasión la pasta ecológica alavesa de Guréndez y el pollo ecológico de Orikitxa producido en Audícana, la sal de Salinas y el aceite Arróniz de Rioja Alavesa fueron las protagonistas del mercado. Nuestra misión fue una vez más transformar estos productos para ofrecerlos en formato pintxo.

Este mercado no es un mercado más de los que acostumbramos a ver por la ciudad, sino un punto de encuentro donde las personas productoras alavesas ofrecen lo mejor que nuestra tierra proporciona, a un precio justo para el consumidor y digno para ellos. Además de garantizar la continuidad del sector, manteniendo la vida en los pueblos, favoreciendo la economía local y el desarrollo sostenible.

Para nuestra humanidad deviene imprescindible regresar a la tierra y más cuando tenemos todas las posibilidades para hacerlo y existen tantas formas para poder hacerlo.

En primera instancia, regreso a la tierra puede significar en concreto volver a cultivar, a practicar la agricultura. Los campos de todo el mundo se han despoblado o se despueblan. Cada vez es más frecuente que los jóvenes no sientan la necesidad de continuar la labor de sus padres y, donde las familias no cultivan ya la tierra desde hace generaciones, el oficio de agricultor es muy raramente contemplado como opción de vida en el futuro de un muchacho o de una muchacha.

Pero, para que esto no ocurra, en primer lugar, es necesario restituir el orgullo y la dignidad a la labor agrícola, una de las más útiles, delicadas, importantes y –no está de más añadirlo- de las más bellas que existen. Producir alimentos para uno mismo y para el prójimo es el modo más puro y completo de reponer el alimento en el centro de la propia vida, insertándose armónicamente en los sistemas naturales, interaccionando con ellos con respeto por preservarlos y hacerlos evolucionar, obteniendo el necesario sustento y una gratificación que pocos trabajos en el mundo pueden igualar.

Sin embargo, objetivamente, no todos los seres humanos tienen la posibilidad de ejercer de agricultor. No la tienen, por ejemplo, las personas que viven en áreas urbanas.

Aunque también en las áreas urbanas se puede “regresar a la tierra”. Incluso ésta deviene una exigencia irrenunciable en un momento en que la población que vive en la ciudad supera con mucho a la que vive en el campo. Por un lado, se puede “cultivar la ciudad”; por otro, todos podemos y debemos volver a ser campesinos aun no cultivando de manera concreta. Es indispensable para construir sistemas locales de distribución de alimentos también en la ciudad, como los mercados campesinos o los grupos de compra solidaria. Las periferias y los campos cercanos a la ciudad pueden volver a estar al servicio de la ciudad y de una alimentación local y de temporada también en los centros urbanos.

Asimismo, la transformación de los alimentos necesita de un regreso a la tierra, entendido como retorno a los saberes antiguos y tradicionales, a los conocimientos y a los oficios que desaparecen junto a la biodiversidad y la labor campesina a ellos vinculada. Recuperar los oficios, reaprenderlos o apoyarlos, revitalizar el sentido más profundo de lo artesano, son otros posibles modos de regreso a la tierra.

Lo más sencillo para ese regreso a la tierra lo podemos realizar todos allá donde vivamos. Es la selección de nuestros alimentos, el devenir consciente de que «comer es un acto agrícola». Sólo de esta forma podemos pasar de consumidores pasivos a coproductores activos, que comparten el conocimiento de los alimentos con quienes lo producen, aprecian el pago adecuado de los esfuerzos por producir de modo bueno, limpio y justo, respetan las estaciones, buscan al máximo posible el alimento local, lo promueven, enseñan sus características y los métodos productivos a sus hijos.

Devenir coproductores significa devenir campesino en nuestro interior, reasimilar la alimentación y por tanto regresar a la tierra aunque no se cultive directamente. Los coproductores sostienen a quien regresa al campo y creen que la alimentación puede continuar siendo portadora de valores indispensables para una vida digna de tal nombre.
Muchísimas gracias a todos los personas voluntarias que trabajasteis en la jornada.

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