Convivium Araba-Álava

Discurso de Carlo Petrini en la feria Biocultura

DISCURSO DE CARLO PETRINI EN BIOCULTURA BARCELONA, EL 11/05/07 COMO SOLIDARIDAD AL MOVIMIENTO LOCAL SLOW FOOD Y A LA CAMPAÑA ANTITRANSGÉNICOS LLEVADA A CABO POR SOM LO QUE SEMBREM Y EN FAVOR DE LA DEFENSA DE LA STEVIA REBAUDIANA COMO SÍMBOLO DE LA LUCHA CONTRA LAS PATENTES DE LAS SEMILLAS POR PARTE DE LA INDUSTRIA AGROALIMENTARIA
(Barcelona, Biocultura, 11/05/07, 250 asistentes).

Buenos días a todos. Gracias por su presencia

Estoy aquí como testimonio del compromiso y la solidaridad de Slow Food Internacional con la iniciativa de recogida de firmas para declarar Cataluña Libre de Transgénicos emprendida por Som lo que Sembrem.

Y sobre todo estoy aquí porque Josep Pámies es mi héroe… y que conste: tengo pocos héroes.

Sin duda, la batalla que se está librando en Cataluña es importantísima porque esta región es el farolillo de cola de la Unión Europea en cuanto a los transgénico.

¡Y pensar que para todo el resto es una región maravillosa!: por sus gentes, por sus tierras, por su amabilidad, por su cultura… Pero en la cuestión de los transgénicos Cataluña ocupa el último lugar en Europa.

Creo que esta ésta es una batalla por la civilización que nos afecta a todos, a Slow Food Internacional, de España y de Cataluña, sobre todo en este momento en que muchos países del mundo están viendo de nuevo el espectro del hambre.

Es una locura criminal convertir los productos agríocolasagrícolas en carburantes. Esto nos lleva hacia un desastre.

50 países están luchando por defender su derecho al alimento y contra la hambruna. Y ante esa enfermedad que es el hambre, ¿qué dicen los médicos como el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio? Pues que si hay carencia de alimentos hay que pensar en los transgénicos.

¡Pensar que los transgénicos acabarán con el hambre es una mentira colosal!.

Slow Food de Cataluña está haciendo una muestra de su gran valía al manifestar toda su determinación en apoyar la iniciativa contra los transgénicos.

Estamos en un momento histórico donde todos vamos a pagar las consecuencias de la industrialización agrícola, aunque no todos la paguemos de la misma forma. Los países pobre de la tierra la pagarán con creces.

En Occidente, lo pagamos de otra forma: a través de enfermedades como la obesidad, la diabetes y alteraciones cardiovasculares… que no son más que la otra cara de la misma moneda.

Es evidente que el mundo está comiendo mal. Estamos todos locos.

Por eso debemos luchar por alcanzar una relación más armoniosa con la naturaleza, conseguir que los campesinos a pequeña escala se sientan dignos, por tener una relación respetuosa entre agricultura y medio ambiente, por luchar por la biodiversidad.

LA AGRICULTURA: PRINCIPAL RESPONSABLE DE LA DEGRADACIÓN MEDIOAMBIENTAL

Que nadie olvide que si el medio ambiente se encuentra en este estado de deterioro tan acentuado, el primer responsable de ello es la agricultura. Y esto no lo digo yo, lo dicen más de 1.400 científicos que afirman que el principal responsable la destrucción de los ecosistemas es la producción de comida y, en particular, el uso masivo de productos químicos que destruyen la fertilidad del suelo, envenenan el agua y acaban con la biodiversidad.

Conseguir una agricultura sana, buena, limpia y justa tiene que ser nuestra batalla principal.

La aceleración de la industria agroalimentaria ha explotado en estos últimos meses. Y las razones son tres:

1. Es un pacto criminal dejar de producir alimentos para producir biocarburantes.
2. Es inconcebible que los productos alimenticios (cereales y otros) estén sujetos a cotización. Porque los grandes intermediarios juegan a los stocks, los retienen cuando van baratos y el precio es bajo, provocan sensación de caraestía, provocan el aumento de los precios y sólo entonces los sacan a la venta cuando los precios han subido. Todo esto lo pagan mucho más los pobres que nosotros
3. El cambio del estilo alimentario en Asia y, en particular, en China y la India. Hay que saber que hace cinco años en China se comía 20 kg/per capita y año. En actualidad son 50 kg/per capita/año.

Es como lo que decía María Antonieta para saciar la hambruna del pueblo: “Si no hay pan, pues que les den brioches”.

ESPAÑA Y DIETA MEDITERRÁNEA, OTRA FALACIA

¡De todas formas, hay que pensar que si los chinos comieran carne como hacen los españoles, necesitaríamos un planeta tres veces mayor.!

España es el segundo consumidor mundial de carne (120 kg), sólo después de los estadounidenses (125 kg). En Italia son 90 kg.

¿Y luego España tiene la osadía de erigirse como defensora de la Dieta Mediterránea? Así no vamos a ninguna parte.

En los dos últimos años hemos estado avanzando hacia esta situación alimenticia que ahora ha estallado. Tenemos que despertar. Tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumos. En caso contrario, avanzamos hacia el desastre.

Ya no se trata ser políticamente dede políticas de izquierdas o de derechas, sino de luchar contra el desastre medioambiental provocado por la explotación masivomasiva de la tierra para evitar que nuestros hijos reciban un mundo destruido. Se sabe que antes de morir la tierra, morirá el homo sapiens.

Causas del encarecimiento exponencial de los alimentos

Las causas del encarecimiento de los alimentos básicos, que se ha acelerado de forma exponencial en estos últimos meses, son muchas pero pueden resumirse en tres.

1. La situación de sequía pertinaz del planeta originada por el cambio climático, del que nosotros somos los únicos responsables.
2. Aumento del coste del petróleo que ha llevado al aumento exponencial del precio de los fertilizantes y del transporte.
3. Los subsidios a la agricultura en Europa y EEUU, con cuyos excedentes se practica el dumping a los países pobres.

Cabría añadir otras causas más recientes como la idea criminal de convertir productos destinados a la alimentación en biocombustibles.

Acabo de regresar de EEUU y recuerdo ahora una viñeta en la que se veía a un niño de color comiendo un plato de judías cuando, de repente, pasa un señor en un tractor y, arrebatándoselo de las manos, le dice: “Dame las judías, niño, necesito carburante”.

Esta fue otra de las “magníficas ideas” concebidas por el peor presidente que ha tenido jamás Estados Unidos a lo largo de su historia. La humanidad entera debería celebrar el 4 de noviembre una fiesta mundial para celebrar que este personaje se va, que no sólo ha provocado guerras, sino que con sus decisiones ha llevado a la degradación actual del medio ambiente y ha aplicado políticas que benefician sólo a las grandes corporaciones, en particular, si son propiedad de su familia.

Quitar tierra cultivable para producir carburantes es poner en condiciones de desesperación a la población más pobre.

El ejemplo de México

Sólo tengo que citar el ejemplo de México para ilustrarlo. Desde hacía miles de años, México vivía de la pequeña economía de agricultura de subsistencia basada en la milpa. La milpa es un trozo de tierra pequeño familiar que se dividía en cuartos en los que se plantaban cuatro especies: maíz, amaranto, judías y otro cereal. La producción de la milpa garantizaba que una familia fuera autosuficiente durante todo un año.

Pero Estados Unidos con sus productos transgénicos y sus cosechas subvencionadas exportó a México su maíz transgénico, mucho más barato que el mexicano. Esta llegada masiva de maíz transgénico y barato hundió al pequeño agricultor mexicano.

El resultado es que la milpa, que es la culminación de la inteligencia popular campesina y que merecería el Premio Nobel de Economía por su perfección, fue destruida. Los campesinos mexicanos se quedaron sin trabajo y tuvieron que emigrar a California.

Las empresas agrícolas americanas vieron que con las exportaciones de maíz a México ganaban mucho más dinero y empezaron también a exportar biocombustible. México tuvo que rendirse, no pudo competir.

Otro elemento de desestabilización de los precios es la cotización de ciertos alimentos básicos. La gestión de los stocks en función del precio se traduce en lo siguiente: Retención de stocks para que no bajen los precios, sensación ficticia de carestía, aumento de precios y, por último, puesta en venta al precio más elevado.

Desde hace unos años se juega con el control de stocks de productos alimenticios como si de un casino se tratara: se compra la producción de un año y sólo se saca a la venta cuando los precios están elevados.

Esta es otra situación criminal porque determina la imposibilidad de los países pobres para seguir alimentándose.

SLOW FOOD Y EL CARÁCTER SAGRADO DE LOS ALIMENTOS

En los últimos años se ha producido un cambio en la alimentación del sudeste asiático (China e India) que ha conducido a un aumento de la demanda de productos cárnicos.

Para luchar contra esta situación, hay que cambiar nuestro estilo alimentario, recuperar y revalorizar el alimento. Nunca como hoy el alimento ha contado con tan poco valor. Sólo hace falta pensar en el respeto casi sagrado que tenían nuestros abuelos hacia el alimento.

Yo recuerdo que mi abuelo recogía las migas de pan para alimentar a las gallinas, nada se desperdiciaba, y cuando se caía un trozo de pan al suelo se besaba antes de comerlo.

Hemos perdido esta sacralidad del alimento. Nos hemos convertido en meros consumidores. El mensaje actual es consumir y consumir; no pensar.

Lo peor es que el alma de los niños está corriendo un grave peligro. Los de mi generación aún hemos estado en contacto con una civilización que respetaba los alimentos, que sabía de dónde procedían. Pero actualmente, los niños pasan tres horas al día delante de la televisión y son víctimas de mensajes publicitarios que los convierten, no en futuros ciudadanos, sino sólo en consumidores.

FUNDAMENTOS DE LA INDUSTRIA AGROALIMENTARIA ACTUAL

a) Crear nuevos productos. Crear nuevas necesidades. Eres feliz si tienes necesidades.
b) Aniquilar el pensamiento crítico a través de la publicidad. No hace falta que pienses en qué es bueno para ti. Yo te lo vendo.
c) La ley del desperdicio. Cada día en Italia se tiran 4.000 toneladas de comida. Y lo mismo debe suceder en España.

Es una situación absurda en la que nuestros hermanos de los países pobres no comen, mientras que nosotros tiramos la comida.

Producimos alimentos para 12.000 millones de personas aunque en el planeta sólo somos 6.3000 millones de habitantes, de los cuales 800 millones se mueren literalmente de hambre y 1.700 millones son diabéticos. Son las dos caras de la misma moneda.

Hemos despreciado la sabiduría de nuestros campesinos, su respeto por el medio ambiente, su riqueza culinaria con alimentos “pobres”.

NO VAMOS POR EL BUEN CAMINO. ESTE CAMINO SÓLO CONDUCE A LA DESTRUCCIÓN

Actualmente la situación de los países ricos es la esquizofrenia alimentaria porque mientras aún tenemos el miedo al hambre (es una cuestión antropológica tener miedo al hambre), por otro lado somos bombardeados por una falsa felicidad gastronómica que raya la idiotez: no existe ni un solo momento en TV que no se emitan programas gastronómicos, todas las publicaciones emiten más y más recetas decoradas con fotos que parecen cadáveres alimenticios.

Lo nuestro es un mundo gastronómico esquizofrénico: nunca se habló tanto de comida y nunca se comió tan mal.

Lamento desilusionar a quien haya acudido a oír al gastrónomo clásico. Pero yo creo que gastronomía es una ciencia compleja y multidisciplinar, que abarca tanto la agricultura, como la zootecnia, como la historia, la economía, la antropología y la salud.

Hay que pensar que estamos vivos sólo porque comemos. Cuando comemos no sólo nos alimentamos, sino que alimentamos la sensibilidad que construyeron nuestras madres, nuestras abuelas.

Creemos en esta cultura que considera la comida como un acto sagrado. Cuando nacemos no sentimos, no vemos, no oímos… pero con los labios buscamos ya la teta de nuestra madre. Ese es el primer acto de nuestra vida y es un acto hecho de amor: de la madre hacia su hijo porque lo alimenta, y del hijo hacia la madre porque le da placer.

COMER ES UN ACTO AGRÍCOLA

Nuestro movimiento necesita actores más responsables, un consumo más sostenible, la máxima eliminación de los intermediarios, la reducción de la agresividad que ejerce la gran distribución contra los productores, reforzar la relación con los campesinos biológicos, apostar por la economía local.

La economía local es el único camino contra la locura de la globalización del alimento.

La economía y el consumo local es la única solución para recuperar la democracia alimenticia, defender la biodiversidad, volver a sentirse orgulloso de los productos propios.

Tenemos que acabar con la importación tomates de China para el consumo en España. Es una locura y no es más barato: estamos acabando con el medio ambiente a través de la contaminación que genera el transporte.

Recuerdo una anécdota que me sucedió en Piemonte en una fonda en la que pedí una peperonata, que no sabía a nada. Le pregunté al cocinero y me dijo que ya no había los pimientos típicos locales, sino que los importaban de Holanda, cultivados con hidrocultura, perfectos, 32 en cada caja, duraban más y costaban menos que los locales…

Caray: ¡El único problema es que no eran buenos!

Al investigar a qué se dedicaban los campesinos que antaño cultivan la variedad local, llamada pimiento cuadrado, descubrí que cultivaban… ¡¡¡bulbos de tulipán para Holanda!!!!!

APOSTAR POR LA ECONOMÍA LOCAL

La única solución a esta locura global de mercancías viajando de un lado a otro del planeta, contaminando, perdiendo vitaminas y frescura por el planeta, explotando a campesinos del tercer mundo, llevando al abandono de las tierras cultivables en el primer mundo es la ECONOMÍA LOCAL.

Tenemos que comer productos locales porque sólo así apoyamos a los campesinos locales para que no se pierda la biodiversidad local, las especies locales, para que no abandone la tierra y para que no quede en manos de especuladores.

Queda mucho camino por recorrer y necesitamos gente muy responsable que trabaje por el objetivo de la economía local y de los mercados de productos locales (proyecto SF Mercados de la Tierra)

TERRA MADRE: ENCUENTRO DE 10.000 CAMPESINOS DE TODO EL MUNDO

Slow Food organiza cada dos años en Turín Terra Madre. El próximo encuentro se celebra en octubre de 2008.

Aquí se dan cita 10.000 campesinos, pescadores y productores, 3.000 comunidades del alimento y más de 154 países de todo el mundo.

Se reúnen y hablan de su futuro, de sus problemas, de las salidas. No son políticos, ni sindicalistas, son campesinos, son ellos los que salvarán el mundo y el medio ambiente.

En occidente, la población campesina ha sido reducida a un porcentaje ínfimo. En 1950 en Italia el 50 % de la población se dedicaba a la agricultura, en la actualidad sólo el 4 %. En Estados Unidos sólo el 2 %. Pero en todo el mundo suman el 60 %.

Sólo podremos salvar el planeta si salvamos nuestros bienes comunes: la tierra, el aire y el agua. Por ello es importante la clase campesina y merece todo nuestro apoyo.

EL PEOR GENOCIDIO DEL SIGLO XX

Hace 50 años era moderno abandonar el campo. El campo pasó a ser un sector económico que se asimiló al sector industrial, donde lo que importaba era producir más y tener un ritmo más intensivo. Esto condujo a la destrucción del pequeño productor y de la cultura agricultura. Sin duda, ha sido el peor genocidio de Occidente.

Hoy tenemos a los últimos campesinos y están los últimos de la fila. Nosotros avanzamos hacia el ataúd del medio ambiente, hacia el paredón de ejecución del planeta. Y cuando estemos ante al ataúd, querremos dar la vuelta y entonces los últimos serán los primeros. Y los campesinos volverán a ocupan el sitio que merecen: la vanguardia.

Slow Food está presente en 85 países y conjuga las necesidades de los países ricos con las de países extremadamente pobres, como los africanos. Lo hacemos porque sabemos que el derecho al placer y a la calidad no es un derecho de los ricos, sino de todos.

La gastronomía no es un ejercicio de ricos decadentes, sino de todos… pero sólo puede serlo de todos si es democrática.

Slow Food no puede estar al servicio de una gastronomía como la entienden los ricos estúpidos.

¡Lo nuestro es la ecogastronomía democrática!

[Fuente: El presente discurso ha sido elaborado por Rosa Solà a partir de las notas de traducción tomadas ella misma en el ejercicio de la traducción del discurso pronunciado por Carlo Petrini el 11/05/07]


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