Convivium Araba-Álava

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La fuerza de lo que somos

martes, septiembre 4th, 2007

Por Carlo Petrini, Presidente internacional de Slow Food

Los tres últimos números de Slow, inspirados en una canción de Claudio Lolli, nos han hablado de la tierra, de la luna y de la abundancia: pero ¿qué es lo que pretendemos realmente los de Slow Food?

Queremos una Tierra sana, productiva, respetada y al servicio de hombres y mujeres orgullosos de su propia cultura. Una Tierra con un futuro resplandeciente. Queremos la abundancia, la dignidad para todos, sobre todo para los campesinos y trabajadores del mundo del alimento, que puedan vivir dignamente y contribuyan a construir un nuevo sistema del alimento. Queremos la luna, poder pensar a lo grande, sin límites. No nos asusta la utopía, no nos asusta imaginar unos cambios virtuosos que puedan hacer historia, no nos asusta ponernos a trabajar para ello. Para que ese placer, nuestro motor originario, se convierta en un derecho universal, para que sea el placer de estar bien en un planeta sano.

Nos acercamos a un congreso mundial, el de Puebla en México, que sancionará los cambios ocurridos en los últimos cuatro años en el seno de nuestro movimiento y que nos conducirá hacia un mañana lleno de nuevas perspectivas.

Recuerdo siempre el 2004 como año germinal del cuatrienio que ha seguido al último congreso mundial celebrado en Nápoles: un año que fue escenario de la primera, novedosa, edición de Terra Madre y la inauguración de la Universidad de los Estudios de Ciencias Gastronómicas (a cuyos primeros titulados homenajeamos actualmente). Se trata de dos grandes proyectos, dos sueños convertidos en realidad. Dos elementos que han cambiado y ampliado profundamente la óptica de Slow Food, que sobre el rastro de lo que el movimiento ha pensado, construido y compartido entre los miembros de todo el mundo a lo largo de dos décadas, se ha planteado un nuevo y ambicioso programa. Ya he recordado varias veces que Terra Madre ha añadido a las competencias y a los conocimientos de todos los socios de Slow Food un nuevo factor humano: nuevos sujetos productores, muy activos en el mundo del alimento, pero también nuevos países, nuevas culturas, nuevas situaciones que en muchos casos sufren en su propia piel los problemas más graves del sistema alimentario, aquellos a los que desde siempre tratamos de hacer frente. Con estas personas, Slow Food ve aumentar de manera exponencial su complejidad, pero también sus estímulos. Y no sólo: también las posibilidades.

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